El vino más caro del mundo es español y cuesta 25.000 euros

El vino más caro del mundo es español y cuesta 25.000 euros

  • Se elabora en Las Pedroñeras (Cuenca) y solo salen a la venta 150 botellas
  • El bodeguero Hilario García asegura que es el mercado el que pone el precio

El ozono le cambió la vida a Hilario García (Pedroñeras, Cuenca, 1963). Durante años se dedicó a la asesoría de empresas, hasta que en 2004 tuvo un problema grave de salud que le hizo recurrir a técnicas de ozono que comenzaban a desarrollarse en la Clínica Ruber de Madrid. El tratamiento hizo su efecto y decidió seguir investigando en su propio laboratorio y a través de varias clínicas que montó.

“Comprobé que se pueden aplicar este tipo de técnicas que se emplean para tratar enfermedades o en aplicaciones veterinarias en el mundo de las plantas, y en las viñas, con el fin de controlar plagas”, relata García, en conversación telefónica con CincoDías. El objetivo de este proyecto vinícola, que arrancó en 2009 en Las Pedroñeras, con el ozono como protagonista, fue conseguir vinos sanos y equilibrados. No en vano, asegura que la tierra elegida para plantar cepas de tempranillo o cencibel, cabernet sauvignon y sauvignon blanc no es casual, sino producto de un trabajo de investigación para tener un suelo con arcillas, cal y minerales. No es el único factor, porque el agua también juega un papel importante en los vinos de AurumRed, ya que es tratada y cargada energéticamente con ozono.

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Sobre estos pilares se sostiene el que es considerado, hasta que alguien no demuestre lo contrario, como el vino más caro del mundo. A la pregunta de quién fija el precio, que sobrepasa estos días los 25.000 euros por botella de la Serie Oro (en la tienda de Lavinia en Madrid tienen dos unidades), García afirma que “es el mercado el que pone el precio; me cuentan que en Cataluña incluso ha sobrepasado este precio, y en Estados Unidos la botella ronda los 45.000 dólares”, dice el bodeguero, que reconoce que siempre hay clientes dispuestos a pagar estas cifras, “ya que es un vino único, diferente, emocional y con la garantía de que nunca se va a avinagrar cuando se abren ni aunque pasen varios años”. Otro de los hallazgos que destaca Hilario García son los aromas y los sabores: girando a la derecha la botella se podrán percibir unos aromas, mientras que si se gira a la izquierda tendrá otros.

Artículo original de Cinco Días

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